Hepatitis Viral

La hepatitis es una enfermedad hepática en la que el hígado se inflama o se daña y puede afectar su funcionamiento. Su origen en la mayoría de los casos es por la infección de alguno de los 5 tipos de virus: virus de hepatitis A (VHA), virus de hepatitis B (VHB), virus de hepatitis C (VHC), virus de hepatitis D (VHD) y virus de hepatitis  E (VHE).  Por lo general la infección con cualquiera de los virus es asintomática y la infección aguda puede acompañarse de pocos síntomas o de ninguno; como orina oscura, fatiga intensa, náuseas, vómitos, dolor abdominal e ictericia.

La hepatitis A es la causa de hepatitis más común en todo el mundo, se transmite por la ingesta de alimentos y agua contaminados o por el contacto directo con una persona infectada. Provoca una infección aguda que por lo general no requiere de un tratamiento específico y rara vez es mortal.  Actualmente existe vacuna para este virus, con lo que se ha reducido de manera importante su incidencia.

La infección con el virus hepatitis B puede ser aguada o crónica. Se transmite a través de la sangre, (transfusiones sanguíneas y de sus fracciones), trasplantes, contacto sexual o bien de manera perinatal a través del paso de un recién nacido por el canal de parto de una madre portadora del virus, entre otras. Cuando la infección es crónica hay riesgo de desarrollar cirrosis o carcinoma hepatocelular, se estima que alrededor de un 25% de las personas con infección crónica morirán prematuramente o requerirán de un trasplante de hígado a causa de esto. Para este virus también existe vacuna y el tratamiento es efectivo, sin embargo sigue teniendo una importante prevalencia y se ha encontrado en coinfección en pacientes portadores del virus VIH.

El virus de Hepatitis C al igual que Hepatitis B se transmite por sangre principalmente.

Usuarios de drogas intravenosas, profesionales de la salud expuestos a sangre, órganos o líquidos corporales y pacientes con hemodiálisis dónde las prácticas médicas son inadecuadas están en riesgo de ser infectados.

De igual manera que en la hepatitis B, la infección puede ser aguda o crónica con riesgo cirrosis o cáncer de hígado. Entre el 60% y 85% de las infecciones agudas por VHC se vuelven crónicas.

En el caso de la Hepatitis D se presenta como coinfección en el paciente con infección aguda por VHB y en el portador crónico aparece como sobreinfección, que tiende a evolucionar con peor pronóstico. La vacuna de hepatitis B es eficaz para la protección contra el VHD.

Por último el virus de la Hepatitis E, al igual que el virus de hepatitis A, se transmite por medio de los alimentos y agua contaminadas, es responsable de infecciones agudas y se desconoce su curso a infección crónica.  Su frecuencia a nivel mundial es menor que hepatitis A y tampoco requiere de un tratamiento específico.

El diagnóstico de VHB y VHC se basa en la serología, para VHB se emplea la detección del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg) junto con los anticuerpos IgM o totales (HBsAb) y el antígeno del núcleo “core” (HBcAg). Cuando el antígeno HBsAg persiste por más de 6 meses (con o sin concurrencia de HBeAg) indica que se trata de una infección crónica. Para diagnóstico de VHC se detecta únicamente anticuerpos anti-VHC. En ambos casos se recomienda la confirmación del diagnóstico por la amplificación de ácidos nucleicos NAA o PCR para descartar falsos positivos.

Tras un diagnóstico positivo de una infección crónica el siguiente paso es iniciar el tratamiento del paciente que ayuda a suprimir la replicación del virus, una vez que se inicia en la mayoría de los casos se continúa de por vida y en la actualidad sigue siendo limitado y costoso para el paciente. Además de las pruebas serológicas y moleculares confirmatorias, existen estudios esenciales para evaluar la respuesta al tratamiento, observar la evolución de la enfermedad, y establecer el riesgo de cirrosis o carcinoma hepático tales como la carga viral como prueba cuantitativa que determina el número de copias del virus en la sangre con lo cual podrá el médico monitorear a sus pacientes de manera precisa.

En Laboratorio PGM contamos con dos tipos de pruebas para los virus de hepatitis B y hepatitis C, la prueba de PCR cualitativa (confirmatoria) que nos indica presencia o ausencia del virus y la prueba de PCR cuantitativa que nos indica la carga viral en el paciente.

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